El cuerpo de esculturas que Cecilia Teruel presenta para esta exposición, integrada por tallas en madera y modelados en arcilla, asientan su punto de partida en el tejido como un pretexto, apuntando en sus piezas de modo tangencial a la urdimbre del telar del patio y las ordenadas cuadriculas de lana de cabra y oveja que forman parte de nuestro paisaje visual cotidiano y nuestra historia. El tejido de las mantas, la variada cestería santiagueña y todos los entrecruzamientos que originan formas y texturas, son utilizadas para elaborar un trabajo escultórico, que alude poéticamente a la geometría del telar y el anudar los hilos en la elaboración de las alfombras, generando una reflexión sobre el hacer, el pensar y el crear en solitario.
El término Tejido, parece denotar de manera genérica, ciertos valores, ideas y tradiciones comunes para todas las culturas tales como: el de ser una labor efectuada mayoritariamente por mujeres, identificada con lo doméstico, donde la laboriosidad, la paciencia y el espacio de la creatividad estaba circunscrito a las tareas de las agujas y el bordado, en un empeño compartido por crear y generar un entrecruzamiento entre las diferentes partes de la sociedad. El tejido ha sido siempre una tarea anónima, un trabajo invisible ligado a la vida de la comunidad y la supervivencia, ofreciendo la protección necesaria para el cuerpo y el descanso.
Hoy, con la celeridad de los tiempos y las costumbres, aquellas tareas de la paciencia van siendo relegadas cada vez más. Sin embargo en sociedades con una economía de subsistencia, el trabajo del telar y los tejidos son muchas veces el sostén económico de pequeñas comunidades, que perduran gracias a la producción de artesanías hoy extinguidas, tal es el caso de las teleras de Atamisqui, las randeras de Monteros en Tucumán, las tejedoras de ponchos y alfombras en Catamarca o las trabajadoras incansables del ñandutí en Paraguay.
Así la tarea invisible y anónima del textil, paradójicamente se hace visible en la producción de oriente para occidente, donde esta labor de mujeres ocupa miles de manos laboriosas que zumbantes como abejas con dedos ágiles, trabaja mas de las horas permitidas delante de las maquinas que fabrican los géneros que forman parte de las prendas visibles en las grandes colecciones de la moda de occidente.
Esta actividad mecánica y complicada, encierra poéticas sutiles que tienen profundas conexiones entre su elaborador y el producto, tal es el caso del mundo cifrado de las alfombras donde en ellas se narra el destino de un pueblo, sus costumbres y se nomina a los integrantes de una pequeña aldea; en ellas se incluyen los elementos de su cotidianidad (sol, agua, tierra, aire) y los acontecimientos desafortunados y los felices de la tejedora. Para los incas, los dibujos, los colores y el modo de trabajar el tejido en sus mantas era un todo en clave que describía un complejo mundo de geometrías, matemáticas, estaciones y cosechas.
Cecilia Teruel recrea tallando en madera, las cuadriculas de los entrecruzamientos del tejido, haciendo evidente aquello que podría estar casi oculto, nos ofrece la posibilidad de ver un fragmento en gran escala, usando en este caso un material distinto de las lanas, la madera, que en si mismo es un tejido con sus propios accidentes y texturas. La talla es, al igual que el tejido, un trabajo laborioso que hace culto a la paciencia, donde cada pequeña forma se funda a base de ir desbastando las fibras con la ayuda de la gubia para dar carácter a la pieza. Se trata de una tarea de afuera hacia adentro, de concentración sistemática, que crea la forma de punto a punto, con un movimiento rítmico de mano, igual que el tejido.
Cecilia nos habla en sus esculturas de los lazos, en sus dos modos de entender, ya sea como parte del enlazamiento de texturas de dos materiales diferentes (madera y el cañizo, madera y cuerda) o como lazos en su acepción de acercamiento, de proximidad a una cultura, a un modo de vivir y entender el mundo.
Partiendo de la idea de que una hebra puede enlazar-se, es decir cerrarse sobre si misma y ahogar la salida, generando el nudo, la escultora elabora nudos disímiles que insinúan consideraciones diferentes. Nudos de madera, como la trabazón que marca el punto donde se asienta la vida en los árboles, dando lugar al crecimiento de las ramas, pero también nudos de arcilla diseminados en la pared, que son promesas, peticiones y suplicas, como cuentas de un rosario disperso.
Estos últimos son frágiles y conservan en la huella el tacto de quien los ha amasado y en ellos permanece toda la carga simbólica de este tratamiento. Nudos tallados en madera que no se cierran, en desenlace, o lí-
neas que se repliegan dibujando grecas y… nudos que recuerdan a los perpetrados en las hebras de la-na, el quipu, para elaborar un alfabeto, un lenguaje, un código para enviar un mensaje, nunca descifrado.
De la misma manera estas esculturas nos apuntan interrogantes, nos enlazan preguntas ya que el nudo gordiano permanece oculto en ellas.
De este modo el nudo se plantea como traba, como misterio, como un escollo a resolver y ciertamente lo es, el nudo de la creación. Este nudo problemático entre el artista y su arte es un itinerario íntimo, un excursionar hacia lo desconocido, un trayecto que comunica nuestro mundo con la sustancia, un camino serpentino donde existe un flujo continuo entre la materia, el pensamiento y el sentir.
Así Cecilia talla sin esperar a Ulises de su Odisea, sabiendo que con cada movimiento de su mano entra en el vaivén hipnótico del hacer y que al herir la madera, se van anudando los pensamientos, al tiempo que se generan formas nuevas; el tronco adquiere una vida distinta a la de árbol y sus fibras vegetales dibujan otras líneas, igual de poéticas, igual de sentidas, esperanzadas en encontrar una solución posible para el acertijo de la creación.
Valencia 22 de Junio de 2006
Secretos de madera
A Cecilia Teruel
La madera es parte elemental del universo, al menos en este domicilio que es la tierra. Siempre encarna un soplo de la vida. En los árboles vive de pie, en actitud de danza, con los brazos abiertos. Cuando cae, no deja de existir. Su inercia late. Escuchas su susurro, su queja o su balido. Cuenta historias que no entiendes.
Extraña cifra de la tierra metida como cuña en la amistad humana, convertida en instrumento, casa, lecho, ca-ja. Recorro mi casa y la veo en todas partes. ¿Dibujó
Dios el mundo bajo forma de bosque para que yo lo ha-bite? ¿Construí yo mi casa en lo alto de un árbol?
Hoy visité el taller de Cecilia Teruel. Aunque sus obras emplean también el hierro y la cerámica, ella sintió el llamado de la madera, como Luis Perlotti, entre tantos otros escultores que buscaron el consejo de las vetas ocultas.
Entre muchas propuestas, veo dos que se reiteran:
La trama, el nudo. La gubia se resiste a la convención de un rostro o una figura, para simplemente describir un símbolo. ¿Es el nudo gordiano que desafía nuestra comprensión? ¿Es la trama de nuestras soledades reu-nidas? ¿Es el deseo de reunir con sus manos lo distante?
Esta escultora dice a través de sus obras. Puedes leer en ellas muchas cosas. Yo escuché un llamado de atención, reclamando una puesta al día de ese difícil vínculo entre Santiago y el Árbol, esa deuda impaga, esa culpable indiferencia que pesa más cada minuto.
Pero la voz va más allá, y ahora es música, remolino de línea, luz y sombra. En la austera soledad de la pura for-ma, el rigor del concepto se suaviza de yemas, de pulidas astillas y superficies cóncavas, hay más revelaciones y argumentos. Escúchalos con calma, roza con tus dedos ese mapa de sólida tibieza.
Es un secreto territorio éste. En un recodo puede estar, tal vez, tu nombre.
Alberto Tasso
No es arriesgado decir con un criterio suficientemente claro y una amplia perspectiva, que estamos ante una artista que a pesar de su juventud, posee dos valores imprescindibles: talento y capacidad de trabajo.
Cecilia Teruel los posee ampliamente junto a una fuerte vocación y solida formación universitaria.
Pertenece a la ultima generación de artistas, princi-
da en Santiago del Estero y con trascendencia fuera de las fronteras provinciales.
La obra escultórica que presenta en el Museo Provincial de Bellas Artes «Ramon Gomez Cornet», posee un alto contenido conceptual y con profundo significado que se basa en raíces que se hunden en las mas ricas tradiciones culturales de nuestro pueblo.
Las tramas, los entrelazos, que nos atan con un concepto de libertad, esos lazos fraternales que nos unen con un noble proposito de hermandad y búsqueda de un fin común.
Estamos, pues, ante una obra madura, bien resuelta, y Cecilia Teruel con su trabajo demuestra sobradamente tener un merecido lugar dentro de la plástica provincial y le auguramos un futuro ya hecho realidad.
Mario Cerón

“Trapitos al sol “
Talla en madera-hierro .
130 x 63 x 36 cm
2005

“Encerrados“
Talla en madera
56 x 60 x16 cm
2006

“Encuentro de lazos desatados“
Talla en madera
30 x 45 x30 cm
2006

“Kakuy»
Talla en madera-ensamble
80 x 50 x12 cm
2005

“De atar”
Talla en madera-ensamble
91 x 60 x30 cm
2005

“Juego de abalorios”
Técnica mixta
130 x 225 x 15 cm
2006

“Plegaria“
Cerámicas esmaltadas, instalación
240 x 400
2006

“Urdimbre“
Talla en madera-hierro
58 x 138 x16 cm
2005

“Lazo»
Talla en madera
25 x 80 x16 cm
2005

“Deseo“
Talla en itin- mármol
60 x 30 x 20 cm
2006









