En la acción de aislarlos, éstos devienen signos, enigmas.
Nudos, hilos, madejas, fragmentos, tienden a convertirse en trazos singulares de su propia escritura poética. En esa operación de extracción de la trama, del tejido, el elemento/objeto/fragmento comienza a emerger en una traza singular.
Este universal (el tejido) en la obra de Cecilia Teruel deviene una marca singular, alejándose del arquetipo. Se manifiesta como inscripción particular, impronta, signo caligráfico que inevitablemente agujerea y desarticula lo universal.
Andrés Labaké
Artista visual
Buenos Aires, agosto de 2017
De las primeras experiencias de cómo vivir juntos.
Los incipientes entrelazados fueron de fibras vegetales. Cobertores e instrumentos contenedores, recipientes para recolección de alimentos en función de actividades colectivas y ensayos de agrupamientos.
El tejido,, las redes, probablemente sean unas de las producciones materiales iniciales y constitutivas de todas las culturas.
Cecilia Teruel evoca, construye y deconstruye insistentemente una trama formal y conceptual de evocaciones y genealogías literarias, filosóficas y mitológicas en la que articula diversos imaginarios comunitarios. Operación en la que sobrevuelan referencias a prácticas populares, a formas de arte popular que se mueven por fuera del modelo hegemónico del arte. Prácticas donde lo que se hace constantemente es trazar estrategias para que una composición formal, una belleza particularizada, esté al servicio del puro ornamento, de fines mágicos propiciatorios, de cuestiones que tienen que ver con el uso comunitario que se hace de algo, de reforzar o provocar otro tipo de significaciones.
Vinculadas y vinculantes con las mujeres, con los tiempos y con la memoria.
No con el universal Mujer, sino con las mujeres de su contexto cercano, las teleras, que con su práctica casi anónima cargan y tramitan las historias comunes a cuestas.
Con una apreciación otra del tiempo, ligada a un tránsito en concordancia con los ciclos naturales.
Con una memoria localizada y concebida como la construcción colectiva permanente y viva. La memoria ejercida como una producción de des-ocultamiento. Con un relato, una transmisión diaria, oral y visual de saberes ancestrales, fundantes, vitales y activos.
También en esa operación poética subyace una problematización conceptual del tejido como trama social, como red afectiva, que nos propone pensar a partir de ésta los ritmos particulares y colectivos, los entrecruzamientos y las tensiones; las tramas de contención, de domesticación, sus bordes y las posibilidades de marginalidad o exilio. Propone un acercamiento al tejido como espacio de la intersubjetividad, de los lazos y los vínculos filiales y sociales, en el que se desarrollan los encuentros y disensos que hilan los modos de estar con los otros. Los modos de enlazamiento, de entretejido, de los movimientos que van constituyendo la constelación que habitamos y hablamos entre lo individual y lo social, sus diversas proximidades y distanciamientos con singulares ritmos, formas y cadencias.
A Cecilia le interesa entender el tejido como un juego de abalorios, como un laboratorio en el que a partir de relacionar diversos discursos y saberes intenta construir significaciones y sentidos móviles.
Trae y sustrae
Produce memorias fuera del cuerpo. Extrae bloques, y sugiere re territorializaciones.
Construye potenciales memorias ficcionadas contra el olvido.
Opera con y desde los fragmentos. Disecciona, aísla y presenta elementos constitutivos de esa trama, de ese tejido simbólico en diversas experimentaciones. Objetos que condensan una latencia de la movilidad y maleabilidad física y conceptual que los constituye.
En la muestra conviven obras de diversos periodos, momentos y recorridos.
I – Un proceso que transita una instancia de la operación simbólica en relación con lo simbólico, y un paso a la operación simbólica de bordear lo real, el nudo, el vacío que se resiste a toda simbolización.
En unas obras problematiza poéticamente los elementos en su potencialidad evocativa y simbólica.
Explora y hace uso de la composición estética, de lo bello, como artilugio e instrumento simbólico imaginario de la forma para tomar una cierta distancia de lo inquietante, para generar ese velo necesario que en primera instancia lo recubra, a la vez que abra posibles resonancias semánticas
Representa los objetos-fragmentos para extraer un sentido otro, una otra proposición organizativa de la ausencia y del vacío estructural.
Lo hace en forma individual o agrupados, de manera instalativa, cual una inscripción en el muro. La ilusión del muro perforado por el lenguaje. Soporte atravesado por el bordado de la inscripción.
¿Cómo operan simbólicamente los elementos, esas inscripciones y ese muro?
¿Cuál es ese muro, ese plano? ¿El social, el comunitario? ¿El político, el afectivo? ¿Qué es atadura y qué relación transversal? ¿Sujetados por la trama impuesta o sujetados a la trama elegida, que nos contiene y da provisorio sentido? Incógnitas esbozadas simbólicamente que abren una amplificación significante que valoriza la reverberación múltiple de sentidos. Un intento de organización posible en el vacío, del vacío, sin evitarlo ni obturarlo.
II – En otras piezas, sustrae los fragmentos y elementos de su connotación. Explora su distanciamiento.
Continúa presentando el objeto cotidiano reconocible, aún en su enunciación fragmento no aparece anamórfico. No llega a operar una ruptura ominosa de lo familiar. No produce un desplazamiento del marco representativo de la obra. Interpela al sujeto desde dentro de la estructura de simbolización, dentro de la posibilidad de reconocer y reconocerse. Mantiene la forma como barrera simbólica, aún cuando la sustrae y fragmenta, para suspender o para distanciar al objeto de la referencia, o de una trama que lo incluya.
En la acción de aislarlos éstos devienen signos, enigmas.
Nudos, hilos, madejas, fragmentos, tienden a convertirse en trazos singulares de su propia escritura poética. En esa operación de extracción de la trama, del tejido, el elemento/objeto/fragmento comienza a emerger en una traza singular.
Una emergencia de la singularidad, de la traza particular, irreductible a alguna universalidad.
Cada elemento se propone como un trazo/signo, suelto en la cadena significante, no articulado, un singular excéntrico a la universalidad.
La letra, la inscripción sígnica como destino y enigma, en una acción de reducción o suspensión temporal, progresiva de los imaginarios, o bien de su simbolización, para llegar después a individuar en el mismo campo simbólico el elemento irreductible a lo simbólico, la marca fundamental asemántica.
El tejido, el nudo es de algún modo una marca universal de La tradición, también de la americana y especialmente de la tradición de Santiago del Estero, no obstante este universal en la obra de Cecilia Teruel deviene una marca singular, alejándose del arquetipo. Se manifiesta como inscripción particular, impronta, signo caligráfico que inevitablemente agujerea y desarticula lo universal.
El paso de la obra como representación de sentido a la obra como objeto que se produce a partir de un vaciamiento de sentido dado. De símbolo a enigma.
Andrés Labaké
Artista visual
Buenos Aires, agosto de 2017
Bibliografía: Massimo Recalcati, Las tres estéticas de Lacán,Bs As: Del Cifrado 2011 ; Marta López Castaño, El tejido como escritura y el orden femenino; Guerrero, María Teresa, Tejido y sentido – una metáfora de la vida. Conversaciones con la artista. Lecturas y trabajos diversos sobre textos de Roland Barthes, Ticio Escobar, Gilles Deluze, Félix Guattari, Slavoj Zizek; Seminarios VI, VII y XI de Jacques Lacan, y otros de varios autores que uno trabaja y saquea recurrentemente consciente o inconscientemente.
Abecedario del arte textual
A
Acción del principio: lenguas moviéndose para articular un grito, un llamado, un verbo, un imperativo de hacer la vida por aquí y por allá. Luego todo fue adornar para un mejor vivir con los colores prestados de las plantas, frutas, árboles, raíces, ríos, mares, lunas y soles. Arreglar el mundo, acolchar un hueco para soñar con otros.
B
Bordar la pared, bailar la pared. Coser el tiempo, extender el tiempo.
Coser la piel donde se hallan las heridas dadas, las heridas recibidas y las rajaduras escondidas. Calar corazón. Confeccionar un coro de murmullos de todo lo que no se dice, pero se hace. Cortar lonjas de aire para dar, nomás por ganas de dar. Sin tiempo ni espera, solo el puro movimiento que se arremanga
para corcusir.
D
Desear coser y bordar y saber descoser, desflecar. Desbordar el cauce, el límite interpuesto, con el don del hilado. Deshilar malos vestidos. Desatar colores cautivos. Con un gesto saber desanudar corazo-nes. Y desnudar, que es una manera de volver a empezar. Deslizarse por un nuevo sendero creado por el deseo.
E
Enhebrar movimientos, aires y colores; respiraciones, palabras y silencios. Artes textiles, artes textua-les. Embastar el día para trabajarlo línea por línea, punto por punto. Enrejar los rasguños del trajín cotidiano. Enjaretar una mañana en la noche y viceversa. Estofar deseos subrepticios entre el juego de manos y miradas.
F
Festonear el crimen de no haber vivido, para evocar lo no hecho y lo no dicho. Forrar los cuerpos rígidos con flores, frutas y hojas, para que al menos se lleven muertos la vida que estando vivos no han vivido.
G
Guitar cuerpos vivos y vibrátiles, pulsar la carne con suaves juegos de muñeca.
H
Hilvanar memorias, acicalar heridas guardadas. Allí donde no había ningún halo o se había perdido una huella, horadar para volver a dibujarla, con paciencia, con constancia, con arte y a sabiendas.
Incrustar un cielo de mil formas y mil colores allí donde se ciernen monocordes nubarrones.
Jugar a pelo. Montar en tela.
K
Kitsch y volátil -dicen- parece ser el amor repentino, invariablemente.
L
Labrar un vuelo, en vuelo. Llamar llameando. Llorar amando.
M
Marcar el camino por donde se entra y se sale. Medir bien el cuerpo deseado para confeccionarle el espacio apropiado. Meter las vueltas necesarias, ni de menos ni de más. Mientras se trabaja, meditar.
N
Nombrar el movimiento para darle existencia, apreciar su despliegue en el color y la forma. Estudiarlo, memorizarlo, ejercitarlo, anotarlo para aprender de él; para poder repetirlo luego en casa, en el parque, en el bosque, en las emociones y en los sueños.
día. Arriar, izar, arriar, izar, pero siempre ondear.
Observar el movimiento de la noche y ocluir la prepotencia del espíritu de desahucio, nimiedad y cobar-
P
Pespuntear una melodía. Prender una risa del pecho. Pegar un paso de baile.
Quitar lo mal puesto, lo mal hecho. Si es mejor que quede abierto. Quebrar la piedra que ataja la corriente de la vida en la cueva.
Soslayar la tristeza aún sin dejarla. Salir de cauce. Serpentear como el río.
R
Remendar lo roto, recoser lo arrancado. Si es necesario repasar una y otra vez. Repulgar para proteger el juego y, como sin querer, ribetear sucintamente para rematar en un fulgurante e inapelable recama-do.
S
Soslayar la tristeza aún sin dejarla. Salir de cauce. Serpentear como el río.
T
Trepar la pared de ladrillo, de estulticia, de palabrerías o indiferencia; caminarla hacia arriba, hacia adentro, para sortear su voluntad de cancelación de las ondas trenzadas de la voz, el canto y el calor de la vida.
U
Unir universos a través de sus destellos, sus hilos de luz, que trascienden su propio origen ya sea ése atiborrado o desolado.
V
Vaciar el alma en el telar. Vivir hamacando el sonido del viento, acunando el sol. Tomar y dar, atrapar y devolver. Velar los sueños. Con colores y puntos ver a la línea viborear entre la vida y la memoria de los
Wincha (vincha) que viene sosteniendo un mundo entero adentro para que no se escape, para que no se derrame, para que del todo no se pierda. Poderosa cinta que anuda y anuncia un manojo de pensa-mientos, guerras y sueños.
X
Xerografía (xeros: seco, grafos: escritura), escritura en seco, grafía en seco, tejido que dibuja lo que no puede ser hablado por la boca húmeda. Grafo que muestra quieto el movimiento de su hechura.
Yanaconas obran texturas para que se tiendan los señores. Mientras, la yugular del monte (yarará) envuelta en su propio signo anuncia innominables secretos preservados por siglos. Se retuerce en la espera, escribe en el arenal. Y la yegua trota o camina, ella también aguarda una señal.
Zurcir la historia que avanza y retrocede, que anda y desanda la vida, que sale y vuelve a entrar de nuevo. A veces, en su misterio se la puede ver cosiéndose, deshilándose y moviéndose en zigzag.
Hay en el trabajo de Cecilia Teruel de su serie 2009-2017 exhibida en el Centro Cultural del Bicentenario de la capital santiagueña una serie de hallazgos plásticos en los que es un placer y un desafío detenerse.
Por un lado el ilusionismo primero de una variedad de materiales duros, que parecen contradecir las morfologías a los que son sometidos. Llama la atención e invita a tocar tanta provocación plástica, óptica y háptica, visual y táctil, la articulación entre la aparente elasticidad y lo tenaz de la sustancia que serpentea en la voluntad escultórica, en la trama y la urdimbre que conforman estos listones y ribetes de colores plenos que incluso también parecen fieltros de vellón o se tejen en el mármol o la madera torneada.
Con el dispositivo textil, que es central en la trayectoria de la cultura norteña desde hace milenios, construye enlazados paradójicos, nudos imposibles, rizomas perturbadores, formas recurrentes que deja levando dentro del espacio del museo y parecieran crecer, moverse en el lugar gracias al capricho de las curvas, los reflujos, los entrantes y salientes, cual atavío ornamental pero sobre todo errático, sorpresivo y descentrado.
Pero por otro lado y al mismo tiempo, junto a esta tradición textil, hay un fondo de figuraciones que esbozan líneas de fuga hacia la imaginería popular de corte sacro y profano. El repertorio (especialmente en el trabajo de la madera) policromado y audaz de la artista, es otra manera de construir espacios y poner en tensión paisajes y sincretismos de su cultura desde la inocencia del juego abstracto.
Y aquí, la filiación barroca y situada en un tiempo y un espacio de Cecilia crece con el impulso de la tradición concreta que sin dudas permea su búsqueda de taller. Si mencionamos posibles atribuciones a una tradición que ha producido las tallas de la retórica visual religiosa tan propia de Santiago del Estero, también nos aventuramos a encontrar, en el color puro, en la forma como puente, otras permanencias del camino especialmente neoconcreto que caracteriza el giro afectivo de las prácticas artísticas en Latinoamérica. Esas cintas, como trepantes por las paredes, hablan de nomadismos y de andares, en una sensibilidad repartida que incita a vibrar.
Porque si estamos hablando de poéticas constructivas y de giros lúdicos, bien vale pensar junto a todo esto de corte más formal e histórico que plantea filiaciones, un detalle no menor: la invitación al espectador. El visitante como parte activa, invitado a completar un círculo imposible que siempre quedará abierto de todos modos –que no clausura aunque las simetrías renazcan en algunos momentos y fuera posible desearlo- y principalmente dinámico. Todo este trabajo que nos propone Cecilia tiene la vibración de lo amplio, el vértigo de lo que produce cuando se combina, ya que asocia recorridos nuevos como manera de ser, e incorpora la chance de un sujeto sensible que pliegue y se pliegue, una y otra vez.
Es a este universo dislocado de objetos paradójicos hacia donde nos propone confrontarnos Cecilia, fundamentalmente, pensando el arte como un campo de fuerzas que incitan a potenciarnos y del que ya nadie sale inmune.
No hay estructuras por fuera de lo aparente, menos que menos hay cadenas aunque quizás lo único que quede detrás de estas formas sea el deseo de tender al enlace, incansablemente. Exponer sus trabajos aquí es expandirse en el espacio, buscar al otro, lanzar la propuesta de una estética vincular, que nos mantenga en la proximidad y le dé sentido a las prácticas en la búsqueda de paralajes.
Existe en este corpus de obras la certeza de que el arte es una práctica que crea comunidad porque propone todo el tiempo construir territorios y buscar extramuros, imaginar rumbos, ver lo que no se ve, soltar amarras y emprender viajes.
Kekena Corvalán, octubre 2017.

“Una historia bordada en la pared “
Acero soldado y esmaltado
107 x 200 x 45 cm
2015
Mención
104º Salón Nacional de Artes Visuales 2015
Palais de Glace. CABA

“Conjuro a la memoria “
Chapa soldada y esmaltada
207 x 200 x 65 cm
2016
Selección
105º Salón Nacional de Artes Visuales 2016
Palais de Glace. CABA

“Genealogía “
Mixta :chapa soldada y esmaltada- talla en madera .
120 x 70 x 56 cm
2017
Selecion Salón Manuel Belgrano 2018

“No me olvides”
Chapa soldada y esmaltada .
100 x 200 x 50 cm
2015
LX Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano 2015
Museo Sívori. CABA
Patrimonio Legislatura Santiago del Estero

“Volveré a tejer memorias”
120 x 80 x 50 cm
Talla en algarrobo
2010
Selección
LV Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano 2010
Museo Sívori. CABA

“Un tiempo demorado”
Talla en algarrobo.
150 x 50 x 60 cm
2011
Selección
LVII Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano 2012
Museo Sívori. CABA

“Un territorio“
Talla en mármol y en madera .
36 x 84 x 20 cm
2017

“Enigma “
Talla en mármol
30 x 40 x 65 cm
2017

“Potencial “
Talla en algarrobo
70 x 30 x 25 – 50 x 50 x 22 cm
2014

“Trayecto de una certeza“
talla en madera sobre MDF.
200 x 180 x 35 cm
2013
Selección
102º Salón Nacional de Artes Visuales 2013
Palais de Glace. CABA

“Ambivalencia“
Talla en madera sobre MDF
180 x 130 x 150 cm
2013
Mención
LVIII Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano 2013
Museo Sívori. CABA

“Revés“
Talla en madera sobre aluminio y MDF
100 x150 x45 cm
2014

“Si pudiera“
Resina epoxi sobre talla en PPE esmaltada
120 x 60 x 50 cm
2013

“Signo“
Resina epoxi sobre talla en PPE esmaltada
56 x 100 x 30 cm
2017

“Madeja“
Resina epoxi sobre talla en PPE esmaltada
100 x 50 x 25 cm
2017
Mencion Salón de Tucuman para el ámbito Nacional 2019.

“Hilos“
talla en madera- hierro
40 x 60 x 10 cm
2017

“De muestra“
Talla en madera
130 x 130 x 17 cm
2017

“Paisaje inventado“
Cerámica- mixta
Medidas variables
2017

“Dilema del adentro.afuera“
talla en marmol t en madera
40 x 40 x 25 cm
Primer Premio Salón Municipal
2019

“Un amasijo de cuerdas para tejer algún sueño“
140 x 60 x 60 cm
Talla en madera
2009
Selección
98º Salón Nacional de Artes Visuales 2009
Palais de Glace. CABA










